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Artículos
TASTIL Y LOS INKAS

 

Nuevas propuestas sobre la desaparición de un poblado prehispánico

 

Lic. Christian Vitry

 

 

A fines de la década de 1960, un equipo de arqueólogos de la Universidad Nacional de La Plata liderado por el Dr. Eduardo Cigliano, realizaron un estudio sistemático en la localidad arqueológica de Santa Rosa de Tastil, que había sido dada a conocer a principios del siglo XX por el sueco Eric Boman. Estos trabajos, junto a los de Raffino (1973) se constituyeron en la única fuente de información sobre esta ciudad prehispánica y área de influencia. Según estos autores, a la llegada de los Inkas, Tastil ya se encontraba despoblado y posiblemente abandonado.

 

Nuestras investigaciones sobre la presencia Inka en el NOA nos permiten hoy, a cien años de Boman y treinta de Cigliano y su equipo, sugerir otra hipótesis sobre los sucesos que condujeron al abandono de una floreciente ciudad prehispánica que tuvo un amplio dominio espacial y el control de los recursos de diversos pisos ecológicos.

 

Tastil antes de los Inkas

 

En las postrimerías del siglo XIV y luego de un proceso de crecimiento sostenido durante unas pocas centurias, Tastil se erigió en un punto nuclear o centro de integración de agrupaciones humanas que desarrollaron actividades específicas en diferentes ambientes ecológicos, en un proceso cada vez más complejo que conllevó a una mayor producción regional y, por ende, a un aumento de la densidad poblacional. Este crecimiento cualicuantitativo de dimensión regional puso en el centro de la escena a Tastil, como “...centro de organización, intercambio y distribución de los productos que se elaboraban regionalmente, así como de aquellos otros provenientes de zonas alejadas como podría ser el litoral pacífico, que no pertenecía a su área de influencia directa. ... centralizó las expectativas de la región –y quizá ejerció su poder político-.” (Cigliano, 1973), desempeñando el rol de organizador de la producción y ordenador social.

 

La organización espacial de Tastil y su área de influencia posee una neta separación entre los sitios de producción agrícola y centros poblados de consumo y administración. Los primeros fueron Pie del Acay, Pie del Paño y Potrero y estuvieron subordinados a los segundos; los núcleos habitacionales o centros de consumidores fueron, a parte de Tastil como el principal, Puerta Tastil y Morohuasi, llegando a sostener una población estimada en aproximadamente 3.000 habitantes, estando el 70% concentrado en Tastil. Según los autores y sobre la base de la evidencia arqueológica, Tinti (sitio arqueológico situado en el Valle de Lerma), dependía del señorío de Tastil. Esta separación espacial estuvo determinada por factores geomorfológicos, climáticos y principalmente estratégicos. (Cigliano y Raffino, 1977). Cabe destacar que nuestras investigaciones en el área de influencia directa revelaron la presencia de “nuevos” centros de producción y consumo que se integrarían a este esquema, todos ubicados sobre la Quebrada del Toro y algunas tributarias de ésta (Vitry, 2000).

 

Tastil, como centro de control  administrativo y político ejercido por una minoría jerarquizada, posibilitó la producción de excedentes y como consecuencia de ello el intercambio regional de amplio espectro de forma radial y concéntrica. Al respecto comentan los autores que “Aparentemente estaríamos frente a un tipo de economía de franca expansión, que sumó a los recursos propios y a los obtenidos en su área de influencia directa, aquellos otros provenientes de los diferentes ambientes ecológicos aledaños, como La Puna, gran proveedor de materias primas tales como la lana, carne y sal, y de los valles templados del Sur, como el de Lerma y Calchaquí, fuentes primordiales de otros tipos de materias primas, como la madera, cultígenos como porotos, ají, achira y otros frutos de clima más templado, ciertas aves, etc. La presencia y similitud ergológica con sitios arqueológicos coetáneos del Valle de Lerma, como Tinti, y de la zona de Salinas Grandes de Jujuy (Puna), parecen constituirse como prueba arqueológica de una explotación planificada sobre ámbitos alejados del núcleo de ocupación del Señorío de Tastil, mediante la implantación de factorías, o pequeñas colonias permanentes, dependientes de Tastil.”

 

Complementando esta información sobre la dinámica espacial y sociopolítica del Sistema Económico del Señorío de Tastil, los autores comentan que “Desde el punto de vista arqueológico, el control de diferentes ambientes ecológicos por parte de una comunidad indígena tal vez pueda poseer mayor antigüedad que la asignada al Período de los Desarrollo Regionales o Agrícolo Alfarero Tardío, pero es indudable que es dentro de este momento donde adquiere una mecánica cultural organizada, donde los mecanismos administrativos y especialmente los avances de orden sociopolítico, evidenciados por las parcialidades aborígenes, permitieron implantaciones de colonias fuera de sus hábitats ocupacionales; favoreciendo, de este modo, el aumento del caudal o producto bruto, la diversificación de los recursos de subsistencia y por consecuencia, la explosión demográfica y los avances territoriales por expansión de los señoríos. Todo ello ha ocurrido en un estadio previo a la penetración imperial del Tawantinsuyu en el N. O.  Argentino.” (Cigliano y Raffino, 1977).

 

Estos elementos nos sirven como punto de partida para analizar las causas del “inexplicable y rápido despoblamiento” (op.cit) de un sistema económico consolidado, que aparentemente tenía asegurado el control de las fuerzas productivas de diferentes pisos ecológicos y la producción de los excedentes apropiables en una vasta región.

 

Hipótesis sobre las causas del colapso de Tastil

 

Los autores sugieren  tres hipótesis para explicar las causas del despoblamiento de Tastil antes de la llegada de los Inkas a la región:  

 

1.      “Un deficiente  o una sobre-explotación del manejo de los recursos naturales, los que pudieron empobrecerse, disminuir gradualmente su potencial productivo y romper el equilibrio ecológico que durante casi dos siglos funcionara eficientemente.

2.      Una variación de las condiciones físicas  y ambientales, especialmente producidas a causa de una disminución de las precipitaciones pluviales y de la humedad, motivando el abandono de las zonas de producción agrícola, quebrándose abruptamente el equilibrio ecológico.

3.      Una ruptura del complejo sistema sociopolítico. Producido como consecuencia de factores internos o externos, tales como conflictos sociales, pérdida del control político administrativo, migraciones, conflictos con otras culturas, crisis religiosas y otras variables aleatorias que han podido actuar, pero que son difíciles de demostrar a nivel arqueológico.”  (op.cit.).

 

En el contexto temporal y generacional de los investigadores, estas hipótesis sobre el supuesto “abrupto colapso” del poblado prehispánico de Tastil son correctas, asimismo tiene vigencia el modelo explicativo que da cuenta de la dinámica de la población. Sin embargo, los nuevos datos que se incorporaron al registro arqueológico en los últimos 15 años permiten generar otra visión sobre la presencia Inka en el NOA en general y quebradas del Toro - Las Cuevas en particular, y postular nuevas hipótesis sobre los procesos socioculturales que condujeron al colapso y desaparición de uno de los centros urbanos poblados más grandes del país en épocas preinkaicas.

 

Nuevas visiones sobre un viejo problema

 

A la luz de las investigaciones que venimos realizando durante los últimos seis años en el área de influencia directa de Tastil (Vitry, 2000) y, ante la presencia numerosos sitios inkaicos y red de caminos en la comarca, proponemos que los Inkas al dominar la región sometieron a las diferentes poblaciones, obligándolas a entrar en el sistema tributario estatal y, por lo tanto,  a realizar diferentes tareas relacionadas con las actividades económicas, militares y administrativas, entre las que podemos destacar la construcción y mantenimiento de caminos, tambos, depósitos y estructuras específicas ordenadas por el Estado, como también actividades productivas relacionadas con la extracción y manufactura de los recursos mineros, agrícolas y ganaderos de la zona.

 

El investigador norteamericano T. D’Altroy (1987) propone que las elites imperiales tuvieron una serie de estrategias para consolidar el control de las unidades dominadas, destacando entre ellas dos: el control hegemónico y el control territorial. Pensamos que en el área estudiada pudo existir una estrategia del control territorial, y que la misma consistió en una ocupación y gobierno directos del poder imperial sobre los territorios de las unidades dominadas. Esto tenía como consecuencia que el Estado asumía la responsabilidad del mantenimiento y la seguridad del territorio imperial con su gente.  Al ejercer el poder de manera directa, las estrategias de extracción y de control del territorio adquieren mayor importancia e implica mayores gastos para el estado.

 

Esta estrategia de control territorial estuvo precedida por una desarticulación espacial y social, por la imposición (explícita o implícita, mediante alianzas o guerras) de una nueva dinámica y concepción del paisaje, el cual sufre un cambio semiótico y material a favor de la cultura dominante.

 

Tomando elementos conceptuales de la Geografía Política tenemos que para el buen funcionamiento de una sociedad organizada y dominante es necesaria la articulación global del territorio. Esto significa que la estructura espacial debe ser coherente con los objetivos sociales. Por ello, inferimos que un grupo social dominante y en franco proceso de expansión, como el caso de los Inkas, escribieron la historia con actos de poder, no con concupiscencia. En este sentido las relaciones de poder asumen una dimensión espacial-territorial, se plasman en el paisaje, se materializan en el espacio.

 

¿Por qué los Inkas no ocuparon la infraestructura de Tastil o sus poblaciones satélites?

 

Pensamos que por la estrategia de dominación y modelo de ocupación del espacio. Mientras el Señorío de Tastil poseía un centro neurálgico de expansión radial y concéntrica convergente-divergente, los Inkas, en estas latitudes, poseían una espacialización lineal-reticular, vertebrada por caminos principales de sentido meridiano y transversales,  jalonados por un sistema de edificios estatales de variado porte.

En Tastil, la evidencia arqueológica del período inkaico se manifiesta por la presencia de cerámica y de un camino que vincula los sectores Norte de la Quebrada del Toro y del Valle Calchaquí, sectores fuertemente “inkaizados”, en los que se registran los mayores porcentajes de ocupación estatal del NOA y donde se manifestó un proceso de desarticulación espacial (Acuto, 1999), que según nuestro criterio es contemporáneo con lo sucedido en Tastil y forma parte del mismo proceso de territorialización inkaica.

 

El Señorío de Tastil, con un amplio dominio espacial y 3.000 habitantes en el área de influencia directa debió representar una amenaza para los Inkas, por ello suponemos que no hubo alianza y sus habitantes fueron desarraigados de los poblados principales y puestos al servicio del estado. Tal fue el extrañamiento e imposición del poder,  que el mayor centro administrativo de la región quedó desierto, desplazado del nuevo eje de comunicación y en medio de un naciente orden espacial, cuyo núcleo principal se ubicaba a una jornada hacia el Oeste, en lo que hoy conocemos como Potrero de Payogasta y hacia el Este un rosario de sitios formado por una veintena de yacimientos y con por lo menos dos o tres centros administrativos principales. Los dos centros poblacionales satélites de Tastil también quedaron desplazados, Puerta Tastil totalmente fuera del nuevo sistema y Morohuasi  a doscientos metros del camino del Inka.

 

¿Por qué en la Quebrada del Toro y no en la de Tastil?

 

En la Quebrada del Toro los nuevos asentamientos se ubicaron sobre el piedemonte de la serranía del Chañi, justamente donde se encontraban los centros de producción agrícola, ganadera y minera del Señorío de Tastil. La evidencia arqueológica muestra claramente la implementación de nuevas tecnologías mediante la construcción de terrazas de cultivos y andenes, canalización del agua, manejo de vegas y construcción de corrales en función del camino y el traslado permanente de productos.

 

Todo indica que el camino y el sistema de edificios asociados al mismo lo construyeron los cusqueños, a juzgar por la inexistencia de asentamientos anteriores. Los Inkas ocuparon un nuevo espacio que antes estaba destinado específicamente a  las actividades productivas. Pero ¿fueron los Inkas los constructores?, sugerimos de acuerdo a lo enunciado anteriormente, que la mano de obra empleada para la construcción y demás labores fue local, específicamente los habitantes del Señorío de Tastil. Para esta inferencia nos basamos en las construcciones asociadas a los sitios Inkas, claramente contemporáneas, que se encuentran apartadas de los edificios estatales principales y poseen la misma característica constructiva empleada en los sitios preinkas. Este nuevo espacio estuvo fuertemente controlado mediante la distribución de puestos de observación-control asociados al camino inkaico ubicados a menos de un km de distancia entre ellos. (Vitry, 2000).

 

¿Por qué tanto control territorial?

 

La incorporación de los grupos locales al sistema tributario Inka en esta parte no debe haber sido pacífica, o por lo menos no hubo una aceptación plena de los subordinados locales. Por otra parte, como un sello definitivo y simbólico de la dominación cusqueña sobre la floreciente y posiblemente insubordinada sociedad local, notamos que los tres principales centros urbanos del Señorío de Tastil quedaron en el ostracismo, marginados y Tastil utilizado como una posta más del camino del Inka.

 

Los Inkas a lo largo de la cordillera construyeron y significaron sus propios paisajes acorde a la ideología y cosmogonía, creando “nuevos cuscos” o centros religiosos - administrativos de variado porte, repitiendo en ellos los elementos básicos de la arquitectura y disposición espacial en las diferentes latitudes de los Andes.

 

Falta mucho para llegar a comprender la real dinámica de los procesos socioculturales y espaciales ocurridos en el momento de la llegada de los Inkas, fundamentalmente la visión de los vencidos, también excavaciones científicas que consoliden o rechacen lo propuesto, no obstante, con el planteamiento de esta hipótesis de trabajo basada en el conocimiento de la geografía regional a pequeña y gran escala y como también en  la arquitectura arqueológica de superficie, creemos haber encontrado una puerta que seguramente en los próximos años aportará renovada información sobre nuestro pasado.

 

Fotografía: José Alfonso de Guardia de Ponté

 

 

Información General

 

El Museo de Antropología de Salta es una institución provincial con una educación y una misión científica. Es la institución encargada de hacer cumplir la legislación vigente en materia de Patrimonio Arqueológico y Paleontológico, así como de la concesión de permisos de investigación a investigadores nacionales y extranjeros. Proporciona asesoramiento no sólo, sino también la asistencia científica y técnica a las instituciones provinciales, así como outspreading del patrimonio tangible e intangible. El museo nació de la iniciativa del profesor Amadeo Rodolfo Sirolli y el Dr. Eduardo Mario Cigliano, siendo este último un conocido arqueólogo que trabajaba con su equipo en Santa Rosa de Tastil Ruinas. La colección desenterrado en este sitio iniciado el proceso de creación del museo.

 

 

Salta 's Museum of Anthropology is a provincial institution with an educational and a scientific mission. It is the institution in charge of enforcing the current legislation concerning the Archaeological and Paleontological Heritage, as well as of granting research permissions to national and foreign researchers. It provides not only counselling but also scientific and technical assistance to provincial institutions, as well as outspreading of tangible and intangible heritage. The Museum was born out of the initiative of Professor Amadeo Rodolfo Sirolli and Dr. Eduardo Mario Cigliano, the latter being a well-known archaeologist who worked with his team at Santa Rosa de Tastil Ruins. The collection unearthed at this site initiated the creation process of the museum.

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